Una idea de paisaje. Un proyecto intergeneracional de arte y pesamiento. La Línea de la Concepción 2019…

El paisaje es una proyección de nuestras emociones, existe y se construye en nuestro pensamiento, y es, en definitiva, el espejo donde nos miramos. Navegar, perderse y observar con atención lo que nos rodea, hasta lo más insignificante, es vernos y descubrirnos a nosotros mismos. El paisaje es privado pero al mismo tiempo un reflejo de nuestra sociedad. Puede ser abstracto o metafórico, un espacio pequeño e íntimo, o un lugar sobrecogedor. Nuestros recuerdos y percepciones, nuestra habitación, nuestro barrio, el bosque, las montañas…

Tradicionalmente el paisaje ha sido entendido como un espacio indómito o salvaje; selvas, desiertos, océanos, picos y valles, escenarios inmensos y sublimes que nos conectan con el animal que llevamos dentro. Sin embargo, esa «idea» de paisaje se ha ampliado y diversificado en las últimas décadas, y ya no es tan extraño oír hablar de paisajes urbanos, paisajes de la memoria, paisajes sonoros, literarios o incluso más recientemente de paisajes virtuales.

Una idea de paisaje se plantea como un proyecto desde el que abordar la “idea” de paisaje desde diferentes perspectivas y disciplinas -de la estampa más clásica y académica a las propuestas más experimentales- ofreciendo un panorama amplio y sin fronteras conceptuales y estéticas sobre este “tema”, que ha recorrido intermitentemente la historia del arte y del pensamiento.

El proyecto estará dividido en dos sedes conectadas por mi trabajo: una intervención mural que llevaré a cabo en la Galería Municipal Manolo Alés, y una muestra más “clásica” de fotografía, dibujo y vídeo en las salas temporales del Museo Cruz Herrera. El resultado de ambas propuestas serán el punto de partida, marco de referencia y escenografía, desde el que plantear una serie de actividades artísticas/lúdico/didácticas llevadas a cabo por diferentes artistas invitados semanalmente durante los dos meses que durará el proyecto.

Una idea de paisaje es pues un viaje, una invitación a repensar el paisaje, a experimentarlo como campos de emocionales en los que perderse y dejarse llevar. Un proyecto “no lineal” que conecta al mismo tiempo dos de los espacios culturales de referencia en La Línea, dibujando un recorrido -o una línea de tiempo invisible- entre las dos sedes; espacios que el espectador podrá recorrer en cualquier orden, porque aunque tienen un nexo común son proyectos expositivos que funcionan independientemente.